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Desarrollo de la competencia intercultural y el perfil del docente en la educación bilingüe

El presente escrito busca la reflexión sobre la labor educativa de los profesores de lenguas ante la diversidad cultural en las clases. De esta forma se plantean los conceptos de cultura, interculturalidad y competencia cultural, dentro de contextos y experiencias específicas.

 

M.Ed. Ronny García Mena

Licenciado en Estudios Latinoamericanos, Master en Educación con especialización en la enseñanza del español como segunda lengua. Profesor de la División de Educología en el Centro de Investigación y Docencia en Educación (CIDE), Universidad Nacional. Ha sido Director del Sistema de Estudios de Posgrado en Educación del CIDE y Director del Instituto de Cultura y Lengua Costarricense. Ha sido ponente en seminarios nacionales e internacionales.
 

La cultura ha sido identificada como la quinta habilidad, junto con la comprensión, la producción oral, lectura y escritura. Pero debido a los límites y la naturaleza de lo que entendemos por cultura, los profesores y especialistas en la enseñanza de idiomas en general, aún continúan enfrentándose a grandes dificultades para integrar la cultura dentro del curriculum.

Dada la diversidad cultural que aumenta cada vez más, en el mundo entero, es inevitable el contacto intercultural entre personas de diferentes grupos étnicos. Por lo tanto, no es de sorprenderse que la capacidad o competencia intercultural, esté recibiendo mayor atención en los últimos años. Además, un acercamiento entre la enseñanza de lenguas y el campo intercultural, nos está llevando hacia una nueva conceptualización e implementación de programas académicos para formar tal competencia, tanto en los profesores de lenguas como en sus eventuales alumnos.

Lo anterior nos alerta a que se necesita de una adecuada planificación y ejecución por parte de los creadores de programas en las universidades en este campo, así como el papel que deben asumir los docentes en el desarrollo de la práctica educativa y en encarar la construcción de una cultura fundada en el respeto a la diversidad de las identidades, abordando un enfoque intercultural que no se detenga en la tolerancia pasiva del otro, sino que, por el contrario, vaya más allá: a la aceptación positiva y entusiasta de las diferencias, a la estimación de la diversidad como riqueza de todos, a la posibilidad de compartir e intercambiar bienes culturales.

Es importante destacar que la conciencia hacia la cultura se agudiza a través de la comparación y contraste de las lenguas y las culturas. Éste es el valor tan singular del contacto intercultural. La mayoría de personas monolingües toma por dado su propia lengua y cultura, pero la persona culturalmente consciente comprende que su lengua (y su cultura) nativa no es nunca neutral, sino que es un medio (o paradigma) específico que influye directamente en todo aspecto de su vida. Esta toma de conciencia abre muchas posibilidades.

Es evidente que el idioma adquirido en la infancia influye en la manera en que el ser humano conceptualiza su mundo, su cosmovisión, ejerciendo así su efecto determinista. De ahí que otras lenguas conducen a otras visiones diferentes del mundo, ejerciendo un efecto relativista. Es por ello, que la exploración intercultural y su aplicación en los programas académicos, ayuden a lograr este entendimiento, y provoca a través del aprendizaje de una lengua extranjera, preguntas sobre la lengua, la cultura nativas y la cosmovisión que siempre ha prevalecido en el individuo.

Una segunda realidad obedece a la problemática del fenómeno migratorio de individuos de otras latitudes, que va generando complejidad y que establece un reto educativo para la sociedad actual.  Cada día, docentes y estudiantes deberán hacerle frente a los cambios sociales y a los problemas que se plantean en todas sus manifestaciones en las sociedades pluriculturales del siglo XXI.

Se conocen esfuerzos que orientan la formación de docentes en la comprensión de la interculturalidad y será un aspecto fundamental del oficio del maestro, además, debe tener competencia para entender la multiculturalidad. En primer lugar, para ser respetuoso y abierto con las culturas de los demás pueblos y en segundo lugar, para que el docente se sienta seguro de su misma cultura. Esto significa que los maestros también ayudarán a sus alumnos a buscar su propia identidad, a definir y sentir sus valores.

“La educación supone un proceso típicamente humano, llevado a cabo de forma intencional e integradora, para la optimización del comportamiento más conveniente a cada sujeto en su entorno propio, y determinado por la adquisición de conocimientos, la automatización de formas de actuación y la interiorización de actitudes que le otorgan valor en su conjunto y en sus peculiaridades” (Gento, S., 1996:67). Es necesario que se reformulen las metas en los programas que conciernen a la enseñanza de lenguas extranjeras o segundas lenguas para que el docente asuma una posición más amplia en la aplicación de los objetivos y contenidos de un plan curricular.

Hasta ahora la enseñanza de lenguas se ha orientado principalmente hacia estudiantes monolingües, que probablemente son a la vez más monoculturales. En Costa Rica, particularmente, existe muy poco contacto interétnico y ha ocasionado el desarrollo de personas con problemas para enfrentar altos niveles de bilingüismo y biculturalismo que desgraciadamente no se ha incluido en los planes de estudio.

Cualquier profesor de lengua extranjera que haya enseñado por poco tiempo, habrá presenciado los cambios dramáticos que están ocurriendo en todas las áreas de nuestra profesión: en la pedagogía, en la relación entre profesor y alumno, en los objetivos de estudio de una lengua extranjera y en la formación de profesores. Los cambios internos, originados dentro del mismo campo educativo son impulsados por la investigación y han aportado nuevas perspectivas a la distinción entre la enseñanza y el aprendizaje, a la metodología, a los procesos adquisitivos del lenguaje, a las estrategias de aprendizaje, entre otros. Los cambios externos, son aquellos estimulados por cambios en nuestro medio, es decir, en las organizaciones políticas, en el mercado, en el turismo, en la tecnología, en la búsqueda de mejores condiciones salariales y factores de motivación para el ejercicio de la profesión, han orientado el estudio y la enseñanza de lenguas hacia resultados más tangibles y prácticos.

No cabe duda que en este momento los resultados son notorios en la proliferación de escuelas e institutos de español o inglés, a lo largo y ancho de nuestro territorio nacional. Esto hace que se amplíen las metas de la enseñanza de lenguas, especialmente en el área del español e inglés, y que van a generar nuevos retos para los profesores en formación y para los mismos practicantes. A consecuencia se pueden considerar tres implicaciones importantes:

  1. La necesidad de redefinir y profesionalizar estas materias.
  2. La necesidad de una formación adecuada y un desarrollo continuo para los docentes.
  3. La necesidad de apoyo institucional y profesional los docentes.

Es importante redefinir la materia ya que el enfoque es sobre el conjunto lengua y cultura. Muchos programas de lenguas son deficientes en este sentido. Si se analizan, por ejemplo, programas de formación para profesores de inglés o español en Costa Rica, revela que menos del 50% de los programas ofrece cursos que atañen a la comunicación intercultural. Este fenómeno también ocurre en países como los Estados Unidos, donde un estudio inédito informa que, de 178 programas de formación de profesores de TESOL (Teachers of English to Speakers of Other Languages) solo el 85% (o sea menos de la mitad) incluyen el estudio de educación intercultural (Nelson, 1994).

Aún hoy, la situación va cambiando debido a los esfuerzos, tanto públicos como privados, por incorporar el estudio de la comunicación intercultural, aunque todavía suele ser marginal en los programas de educación superior y debe ser un elemento que pueda trascender el currículum entero y formar parte en cada lección.

Puede parecer que el concepto de competencia o comunicación entre culturas parezca algo abstracto pero cuando se piensa en el contacto entre personas, súbitamente se vuelve más concreto.

El papel del maestro de lenguas también ha ido cambiando: se ve al profesor como autoridad, conocedor, mediador del proceso de aprendizaje, explorador, investigador y como persona que resuelve problemas.

Actualmente, las clases adquieren un carácter de participación activa porque involucran al estudiante en forma directa y se enfocan en el estudiante. Los métodos tradicionales se han modificado, así como la manera en que trabajamos en el aula. Una gran parte del trabajo de la clase se hace en grupos pequeños, principalmente en el campo privado.

Las universidades han hecho un esfuerzo por aplicar nuevos métodos, sin embargo, vemos en la práctica aplicación de métodos tradicionales y nuevos, estos últimos de manera muy experimental. Es el docente en su práctica quien tiene que integrarlos, buscando una combinación idónea para el contexto en el cual trabaja. Como consecuencia, se observan cambios en el comportamiento del profesor, en la planificación, implementación de lecciones y en el papel del alumno en el proceso educativo.

Si se desarrolla un enfoque intercultural iniciará un proceso que potencialmente puede transformar a nuestros alumnos y a nosotros mismos, un proceso que seguramente provocará cambios en el paradigma perceptual y mental y, por último, una expansión de nuestra cosmovisión.

La interculturalidad enriquece el contacto entre personas de culturas y grupos étnicos diferentes, de un modo efectivo, positivo y apropiado, con respeto, sensibilidad y comprensión. Fomenta una apreciación a la diversidad y la riqueza de los seres humanos. Permite una participación significativa en otra perspectiva del mundo, que no está al alcance del monolingüe. Estos cambios son aquellos del tipo citado por Ferguson, que describe esto como “la revolución más grande de mundo –la que ocurre en la cabeza, en la mente” (1980).

Para que esto suceda, es importante seguir interesados en la renovación de nuestros planes de estudio aplicados en las aulas universitarias, aunque poco a poco se puede ver que el estudio de lenguas ya no es una materia puramente académica (lo cual seguramente fue la experiencia de lo que hemos estudiado hace veinte o más años), sino un campo de estudio con finalidades mucho más amplias y que debemos seguir transformando.

En diferentes publicaciones sobre educación intercultural y multicultural se proponen objetivos que considero deben ser aplicados para la enseñanza de lenguas extranjeras porque incluyen un entendimiento amplio de la interculturalidad y proponen actitudes para el docente. Estas son:

  1. Reconocer y valorar la diversidad entre personas y culturas.
  2. Desarrollar una mayor comprensión de los patrones culturales.
  3. Respetar a los individuos de todas las culturas.
  4. Desarrollar una interacción positiva y productiva entre las personas donde se involucren sus experiencias en diversos grupos culturales.
  5. Comprender las bases históricas, políticas y económicas de las actuales desigualdades culturales.

Estos objetivos sirven para guiar al profesor de lenguas extranjeras a desarrollar el concepto de interculturalidad como meta principal de un plan curricular.

Considero que una adecuada política intercultural en el sistema educativo es la única política sincera y veraz de paz y cooperación. Debemos educar para la paz en todas nuestras materias y aún más en la integración de lenguas en nuestra educación ya que la paz sólo se construye en la medida y en la forma en que los pueblos se den la mano, para edificar un futuro común y compartido en el seno de cada Estado y en las relaciones internacionales.

Para lograr integrar la cultura en nuestros procesos educativos es importante entender que interculturalidad empieza en casa: venciendo las barreras que separan a unas culturas de otras, tanto dentro del ámbito de la fronteras nacionales de nuestros diversos países como las fronteras internacionales; venciendo actitudes de prejuicio, marginación y menosprecio.

Nos falta asegurar que se desarrolle esta competencia intercultural para integrar las culturas y en este sentido, son los profesores de lenguas quienes pueden desempeñar una labor mucho más importante a través de la reformulación y estudio de los valores. El idioma no debe verse sólo como un instrumento ni como una materia académica sino más bien como un camino para entrar en otra visión del mundo.

El sistema educativo, en general, debe educar basado en una rica identidad nacional, surgida de la diversidad, para así consolidar un mejor futuro fundado en los valores universales de la humanidad.

Referencias

bulletArtunduaga, L. (1997 Enero-Abril). Educación Bilingüe Intercultural. Revista Iberoamericana de Educación.
bulletBardovi-Harlig K. y Hartford B. (1997). Beyond Methods: Components of Second Language Teacher Education. United States:McGraw Hill.
bulletDe Luca M. (1983). Didáctica de la lengua oral: metodología de enseñanza y evaluación. Buenos Aires:Kapeluz.
bulletGarcía et al. (1992). La educación multicultural y el concepto de cultura. Iberoamericana de Educación.
bulletIpiña, E. (1996 Junio). Condiciones y perfil del docente de educación Intercultural bilingüe. Iberoamericana de Educación
bulletInvestigación en la Escuela No. 26, 1995
bulletJiménez G. (comp) (2000) Costa Rica en los próximos 50 años. Heredia. EFEUNA.
bulletLópez, E. (1997). La diversidad étnica, cultural y lingüística latinoamericana y los recursos humanos que la educación requiere. Iberoamericana de Educación
bulletLustig, M. (1993). Intercultual Competence. New York: Harper Collins.
bulletMet, M.(1998) Critical Issues in Early Second Language Learning. United States: Secretary of State.
bulletMimó, Oriol. (1996 Junio). Declaración Universal de Derechos Lingüísticos. Iberoamericana de Educación.
bulletNelson, G. (1994). Intercultural Communication or “Culture”: Courses In Graduate TESOL Programs. Manuscristo inédito Atlanta, Georgia State University.
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bulletPerez, G. (1993). Educación versus socialización al final del siglo. Madrid. Kikiriki.
bulletQuesada, J. (1997). Educación en Costa Rica: 1821-1940. San José, UNE
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Última modificación: 03/18/08
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