La cultura ha sido
identificada como la quinta habilidad, junto con la comprensión, la
producción oral, lectura y escritura. Pero debido a los límites y la
naturaleza de lo que entendemos por cultura, los profesores y
especialistas en la enseñanza de idiomas en general, aún continúan
enfrentándose a grandes dificultades para integrar la cultura dentro
del curriculum.
Dada la diversidad cultural
que aumenta cada vez más, en el mundo entero, es inevitable el
contacto intercultural entre personas de diferentes grupos étnicos.
Por lo tanto, no es de sorprenderse que la capacidad o competencia
intercultural, esté recibiendo mayor atención en los últimos años.
Además, un acercamiento entre la enseñanza de lenguas y el campo
intercultural, nos está llevando hacia una nueva conceptualización e
implementación de programas académicos para formar tal competencia,
tanto en los profesores de lenguas como en sus eventuales alumnos.
Lo anterior nos alerta a que se necesita de una
adecuada planificación y ejecución por parte de los creadores de
programas en las universidades en este campo, así como el papel que
deben asumir los docentes en el desarrollo de la práctica educativa y
en encarar la construcción de una cultura fundada en el
respeto a la diversidad de las identidades, abordando un enfoque
intercultural que no se detenga en la tolerancia pasiva del otro, sino
que, por el contrario, vaya más allá: a la aceptación positiva y
entusiasta de las diferencias, a la estimación de la diversidad como
riqueza de todos, a la posibilidad de compartir e intercambiar bienes
culturales.
Es importante destacar que la conciencia hacia la
cultura se agudiza a través de la comparación y contraste de las
lenguas y las culturas. Éste es el valor tan singular del contacto
intercultural. La mayoría de personas monolingües toma por dado su
propia lengua y cultura, pero la persona culturalmente consciente
comprende que su lengua (y su cultura) nativa no es nunca neutral,
sino que es un medio (o paradigma) específico que influye directamente
en todo aspecto de su vida. Esta toma de conciencia abre muchas
posibilidades.
Es evidente que el idioma adquirido en la infancia
influye en la manera en que el ser humano conceptualiza su mundo, su
cosmovisión, ejerciendo así su efecto determinista. De ahí que otras
lenguas conducen a otras visiones diferentes del mundo, ejerciendo un
efecto relativista. Es por ello, que la exploración intercultural y su
aplicación en los programas académicos, ayuden a lograr este
entendimiento, y provoca a través del aprendizaje de una lengua
extranjera, preguntas sobre la lengua, la cultura nativas y la
cosmovisión que siempre ha prevalecido en el individuo.
Una segunda realidad obedece a la problemática del
fenómeno migratorio de individuos de otras latitudes, que va generando
complejidad y que establece un reto educativo para la sociedad actual.
Cada día, docentes y estudiantes deberán hacerle
frente a los cambios sociales y a los problemas que se plantean en todas sus manifestaciones en las sociedades pluriculturales
del siglo XXI.
Se conocen esfuerzos que orientan la
formación de docentes en la comprensión de la interculturalidad y será
un aspecto fundamental del oficio del maestro, además, debe tener
competencia para entender la multiculturalidad. En
primer lugar, para ser respetuoso y abierto con las culturas de los
demás pueblos y en segundo lugar, para que el docente se sienta seguro
de
su misma cultura. Esto significa que los maestros también ayudarán a sus alumnos a buscar su propia identidad, a definir y sentir sus valores.
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“La educación supone un proceso típicamente humano,
llevado a cabo de forma intencional e integradora, para la
optimización del comportamiento más conveniente a cada sujeto en su
entorno propio, y determinado por la adquisición de conocimientos, la
automatización de formas de actuación y la interiorización de
actitudes que le otorgan valor en su conjunto y en sus peculiaridades”
(Gento, S., 1996:67). Es necesario que se reformulen las metas en los
programas que conciernen a la enseñanza de lenguas extranjeras o
segundas lenguas para que el docente asuma una posición más amplia en la
aplicación de los objetivos y contenidos de un plan curricular.
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Hasta ahora la enseñanza de lenguas se ha orientado
principalmente hacia estudiantes monolingües, que probablemente son a
la vez más monoculturales. En Costa Rica, particularmente, existe muy poco contacto interétnico y ha ocasionado el desarrollo de personas con problemas
para enfrentar altos niveles de bilingüismo y biculturalismo que
desgraciadamente no se ha incluido en los planes de estudio.
Cualquier profesor de lengua extranjera que haya
enseñado por poco tiempo, habrá presenciado los cambios dramáticos que
están ocurriendo en todas las áreas de nuestra profesión: en la
pedagogía, en la relación entre profesor y alumno, en los objetivos de
estudio de una lengua extranjera y en la formación de profesores. Los
cambios internos, originados dentro del mismo campo educativo son impulsados por la investigación y han aportado nuevas
perspectivas a la distinción entre la enseñanza y el aprendizaje, a la
metodología, a los procesos adquisitivos del lenguaje, a las
estrategias de aprendizaje, entre otros. Los cambios externos, son
aquellos estimulados por cambios en nuestro medio, es decir, en las
organizaciones políticas, en el mercado, en el turismo, en la
tecnología, en la búsqueda de mejores condiciones salariales y
factores de motivación para el ejercicio de la profesión, han
orientado el estudio y la enseñanza de lenguas hacia resultados más
tangibles y prácticos.
No cabe duda que en este momento los resultados son
notorios en la proliferación de escuelas e institutos de español o
inglés, a lo largo y ancho de nuestro
territorio nacional. Esto hace que se amplíen las metas de la
enseñanza de lenguas, especialmente en el área del español e
inglés, y que van a generar nuevos retos para los profesores en formación y para
los mismos practicantes. A consecuencia se pueden considerar tres
implicaciones importantes:
- La necesidad de redefinir
y profesionalizar estas materias.
- La necesidad de una formación adecuada y un
desarrollo continuo para los docentes.
- La necesidad de apoyo institucional y profesional
los docentes.
Es importante
redefinir la materia ya que el
enfoque es sobre el conjunto lengua y cultura. Muchos programas de
lenguas son deficientes en este sentido. Si se analizan, por ejemplo,
programas de formación para profesores de inglés o español en Costa
Rica, revela que menos del 50% de los programas ofrece cursos que
atañen a la comunicación intercultural. Este fenómeno también ocurre
en países como los Estados Unidos, donde un estudio inédito informa
que, de 178 programas de formación de profesores de TESOL (Teachers of
English to Speakers of Other Languages) solo el 85% (o sea menos de la
mitad) incluyen el estudio de educación intercultural (Nelson, 1994).
Aún hoy, la situación va cambiando debido a los
esfuerzos, tanto públicos como privados, por incorporar el estudio de
la comunicación intercultural, aunque todavía suele ser marginal en
los programas de educación superior y debe ser un elemento que pueda
trascender el currículum entero y formar parte en cada lección.
Puede parecer que el concepto de competencia o
comunicación entre culturas parezca algo abstracto pero cuando se
piensa en el contacto entre personas, súbitamente se vuelve más
concreto.
El papel del maestro de lenguas también ha ido
cambiando: se ve al profesor como autoridad, conocedor,
mediador del proceso de aprendizaje, explorador, investigador y como persona
que resuelve problemas.
Actualmente, las clases adquieren un carácter de
participación activa porque involucran al estudiante en forma directa
y se enfocan en el estudiante. Los métodos tradicionales se han
modificado, así como la manera en que trabajamos en el aula. Una gran
parte del trabajo de la clase se hace en grupos pequeños,
principalmente en el campo privado.
Las universidades han hecho un esfuerzo por aplicar
nuevos métodos, sin embargo, vemos en la práctica aplicación de
métodos tradicionales y nuevos, estos últimos de manera muy
experimental. Es el docente en su práctica quien tiene que
integrarlos, buscando una combinación idónea para el contexto en el
cual trabaja. Como consecuencia, se observan cambios en el
comportamiento del profesor, en la planificación, implementación de
lecciones y en el papel del alumno en el proceso educativo.
Si se desarrolla un enfoque intercultural iniciará
un proceso que potencialmente puede transformar a nuestros alumnos y a
nosotros mismos, un proceso que seguramente provocará cambios en el
paradigma perceptual y mental y, por último, una expansión de nuestra
cosmovisión.
La interculturalidad enriquece el contacto entre
personas de culturas y grupos étnicos diferentes, de un modo efectivo,
positivo y apropiado, con respeto, sensibilidad y comprensión. Fomenta
una apreciación a la diversidad y la riqueza de los seres humanos.
Permite una participación significativa en otra perspectiva del mundo,
que no está al alcance del monolingüe. Estos cambios son aquellos del
tipo citado por Ferguson, que describe esto como “la revolución más
grande de mundo –la que ocurre en la cabeza, en la mente” (1980).
Para que esto suceda, es importante seguir
interesados en la renovación de nuestros planes de estudio aplicados
en las aulas universitarias, aunque poco a poco se puede ver que el
estudio de lenguas ya no es una materia puramente académica (lo cual
seguramente fue la experiencia de lo que hemos estudiado hace veinte o
más años), sino un campo de estudio con finalidades mucho más amplias
y que debemos seguir transformando.
En diferentes publicaciones sobre educación
intercultural y multicultural se proponen objetivos que considero
deben ser aplicados para la enseñanza de lenguas extranjeras
porque incluyen un entendimiento amplio de la interculturalidad y proponen
actitudes para el docente. Estas son:
- Reconocer y valorar la diversidad entre personas y culturas.
- Desarrollar una mayor comprensión de los patrones culturales.
- Respetar a los individuos de todas las culturas.
- Desarrollar una interacción positiva y productiva entre las personas donde se involucren sus experiencias en diversos grupos culturales.
- Comprender las bases históricas, políticas y económicas de las actuales desigualdades culturales.
Estos objetivos sirven para guiar al profesor de
lenguas extranjeras a desarrollar el concepto de interculturalidad
como meta principal de un plan curricular.
Considero que una adecuada política intercultural en
el sistema educativo es la única política sincera y veraz de paz y
cooperación. Debemos educar para la paz en todas nuestras materias y
aún más en la integración de lenguas en nuestra educación ya que la
paz sólo se construye en la medida y en la forma en que los pueblos se
den la mano, para edificar un futuro común y compartido en el seno de
cada Estado y en las relaciones internacionales.
Para lograr integrar la cultura en nuestros procesos
educativos es importante entender que interculturalidad empieza en
casa: venciendo las barreras que separan a unas culturas de otras,
tanto dentro del ámbito de la fronteras nacionales de nuestros
diversos países como las fronteras internacionales; venciendo
actitudes de prejuicio, marginación y menosprecio.
Nos falta asegurar que se desarrolle esta
competencia intercultural para integrar las culturas y en este
sentido, son los profesores de lenguas quienes pueden desempeñar una
labor mucho más importante a través de la reformulación y estudio de los
valores. El idioma no debe verse sólo como un instrumento ni como una
materia académica sino más bien como un camino para entrar en otra
visión del mundo.
El sistema educativo, en general, debe educar basado
en una rica identidad nacional, surgida de la diversidad, para así
consolidar un mejor futuro fundado en los valores universales de la
humanidad.
Referencias